DISCURSO DE S.E. EL DOCTOR YUKIO HATOYAMA, PRIMER MINISTRO DEL JAPÓN EN LA 64° ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

 

24 DE SEPTIEMBRE DE 2009

         NUEVA YORK

 

 

 

Sr. Presidente,

Distinguidos Delegados,

Señoras y Señores,

 

 

         Quiero hacer llegar mis cordiales felicitaciones a Su Excelencia el Dr. Ali Abdussalam Treki por asumir la Presidencia del 64° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. También me gustaría expresar mi consideración a Su Excelencia Miguel d’Escoto Brockmann por su excelente conducción durante el período de sesiones anterior.

 

         Asimismo aprecio enormemente la dedicación y el liderazgo de Su Excelencia, el Secretario General Ban Ki-moon para tratar las diversas cuestiones complicadas que enfrenta las Naciones Unidas en este momento.

 

Sr. Presidente,

 

         Hace 120 años, en 1889, se inició en Japón, aunque con limitaciones, el sistema electoral. Desde ese momento, el cambio de gobierno a través de elecciones fue algo natural en Japón. Incluso, a comienzos del siglo XX, tuvo una época llamada la “democracia Taisho”.

 

         Japón es, pues, un país con un sólido legado de democracia y de elecciones. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, en Japón no hubo ningún cambio de poder por las urnas. Las tensiones entre los políticos y los burócratas desaparecieron. Esto hizo, innegablemente, que la política exterior de Japón en cierto modo se viera privada de vitalidad.

 

         Pero el 30 de agosto de este año, el pueblo japonés finalmente eligió en una votación general tener un cambio de poder. Se trata de un triunfo para la democracia en Japón y una victoria para los japoneses. La semana pasada, el 16 de septiembre, asumí el cargo de Primer Ministro del Japón y por eso estoy aquí ante ustedes hoy.

 

         Mi nueva administración encarna el dinamismo de la democracia y realizará todos los esfuerzos necesarios para resolver tanto los asuntos internos como los problemas de la política exterior a través de una formación de “selección nacional”.

 

Sr. Presidente,

 

         El ingreso del Japón a las Naciones Unidas fue aprobado el 18 de diciembre de 1956. El Primer Ministro en ese momento era Ichiro Hatoyama, mi abuelo.

 

         En la undécima Asamblea General, donde Japón pronunció su primer discurso público, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Mamoru Shigemitsu declaró:

 

         La esencia de la vida política, económica y cultural del Japón es fruto de la fusión, en este último siglo, de las civilizaciones de Oriente y Occidente. En cierto modo, Japón puede bien ser visto como un puente entre Este y Oeste. Es plenamente consciente de las grandes responsabilidades que implica ese lugar.

 

         Mi abuelo Ichiro, entonces Primer Ministro, fue un defensor del concepto de yu-ai, o “fraternidad”. Yu-ai es una forma de pensar que respeta la propia libertad y la dignidad individual respetando a su vez la libertad y la dignidad individual de los demás.

 

         Hay una resonancia asombrosa entre el concepto de “puente” en la alocución de Mamoru Shigemitsu y el concepto de yu-ai, o “fraternidad”, de Ichiro.

 

         Ahora, cincuenta y tres años más tarde, aquí, en la misma Asamblea General de las Naciones Unidas, declaro con firme determinación que Japón volverá a desempeñar el papel de “puente”.

 

 

Sr. Presidente,

 

         En este momento, el mundo enfrenta numerosos y difíciles desafíos. Esta no es de ninguna manera una época fácil, pero el “nuevo Japón” no volverá la espalda a estos desafíos. Sobre la base del espíritu de yu-ai, o “fraternidad”, Japón realizará todos los esfuerzos posibles para ser un “puente” para el mundo, entre Oriente y Occidente, entre países desarrollados y en desarrollo y entre civilizaciones diversas.

 

         Hoy, me gustaría hablarles de cinco desafíos que Japón tiene la intención de abordar sirviendo justamente de “puente”.

 

         El primero se refiere a las medidas para responder a la crisis económica global.

 

         Si bien la economía global parece haber salido de la peor etapa de la crisis, todavía resulta difícil predecir sus perspectivas futuras, entre otras cosas el tema del empleo.

 

         Lo que Japón debe hacer en este campo es, en primer lugar, reactivar su propia economía. El nuevo Japón tiene un plan para lograrlo.

 

         “Asignaciones para los niños” por 5,5 billones de yenes anuales servirán no solo como inversión en educación sino también como un medio para estimular el consumo y una política para resolver el problema de la baja tasa de natalidad en Japón.

 

         La eliminación de las tasas provisionales en impuestos relacionados con los automóviles significará un alivio fiscal equivalente a 2,5 billones de yenes anuales, y se prevé que al mismo tiempo mejorará la competitividad en los costos de las industrias japonesas mediante la revitalización de la infraestructura de distribución.

 

         Estamos fijando, y sobre esto volveré más tarde, un objetivo muy ambicioso para afrontar el cambio climático. Esto debería derivar en la creación de nuevos mercados, como los vehículos eléctricos, la generación de energía solar y los negocios relacionados con la energía limpia, entre otros. Por otra parte, aseguraremos un potencial estable de crecimiento mediante la creación de nuevas industrias y nuevas tecnologías en el ámbito marítimo, espacial, de TI de vanguardia y otros campos.

 

         Al revisar sus políticas económicas con este cambio de poder, Japón está enviando una señal clara de la próxima renovación de su economía.

 

         El nuevo Japón también tendrá que responder adecuadamente a la globalización. La profundización de la interdependencia mundial descrita por el término “globalización” incluye aspectos tanto de luz como de sombra. Ampliar la luz controlando la sombra ha pasado a ser una tarea global para el mundo de nuestros días.

 

         A medida que vayamos llevando adelante la liberalización del comercio y la inversión, hará falta una coordinación internacional destinada a elaborar sistemas capaces de poner freno a los problemas de pobreza y disparidad económica – que son difíciles de coordinar dejándolos simplemente librados a los mecanismos del mercado – así como a los juegos lucrativos en exceso. Japón desempeñará una función de “puente” en los foros internacionales, incluido el G-20, con miras a la formulación de normas comunes con ese propósito.

 

         El segundo desafío es abordar el tema del cambio climático.

 

         Como puede verse en la creciente incidencia de sucesos climáticos extremos, los niveles del mar más elevados y otros fenómenos, el cambio climático es un peligro que ya estamos enfrentando. Por otra parte, los esfuerzos realizados por un solo país no pueden producir más que efectos limitados. De todos modos, debido a las diferencias de los intereses a corto plazo de los países desarrollados y en desarrollo, y entre los países desarrollados así como los países en desarrollo, el camino para crear un marco de referencia después de 2012 no será precisamente sin asperezas.

 

         El nuevo gobierno japonés ha fijado un objetivo muy ambicioso para una reducción del 25% de las emisiones con efecto invernadero para 2020, comparado con el nivel de 1990. También ha aclarado que está dispuesto a ofrecer más ayuda financiera y asistencia técnica que antes a los países en desarrollo, de acuerdo con la evolución de las negociaciones internacionales. Este compromiso internacional tiene como premisa la formulación de un marco equitativo y eficaz, por parte de todas las grandes economías y un acuerdo relativo a sus objetivos ambiciosos. Japón anunció esta promesa ambiciosa porque desea actuar como “puente” entre los países que tengan intereses diversos y con la idea de preservar el planeta para las generaciones futuras.

 

         Me gustaría hacer una vehemente exhortación a los distinguidos representantes aquí presentes: trabajemos juntos para garantizar el éxito de la próxima reunión del COP 15 (Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Copenhagen).

 

 

         El tercer desafío es el desarme y la no proliferación nuclear.

 

         Me resulta grato el progreso que se está realizando en la negociación sobre reducciones de armas nucleares entre los Estados Unidos y la Federación Rusa. También son dignas de elogio las iniciativas del Reino Unido y Francia. Es urgente que todos los Estados que poseen armas nucleares adopten medidas concretas en relación al desarme nuclear. Actualmente, hay Estados que están llevando a cabo esfuerzos para desarrollar armas nucleares. Además, existe un riesgo cada vez mayor de que los materiales nucleares y las tecnologías nucleares sean entregados a terroristas o que sean incluso utilizados.

 

         También en esta área, Japón tiene el potencial de convertirse en promotor del desarme nuclear y actuar como “puente” entre los Estados que poseen armas nucleares y los que no. Japón puede hablar con la mayor persuasión impulsando a los Estados con armas nucleares hacia el desarme nuclear y a los países no nucleares a evitar la tentación de adquirir armas nucleares. Esto se debe a que Japón es el único país que ha sufrido la devastación de bombardeos atómicos, y como tal, nunca ha dejado de exhortar a “no más Hiroshimas” y “No más Nagasakis”. Japón también ha continuado adhiriendo a los “Tres Principios no nucleares”, pese a su capacidad potencial de adquirir armas nucleares.

 

         En abril de este año, en Praga, el Presidente Barak Obama expresó una visión de “un mundo sin armas nucleares”, inspirando a las personas de todo el mundo. Yo soy una de esas personas. Para garantizar el éxito de la Conferencia de Revisión del Tratado de no Proliferación Nuclear que se realizará en mayo del año próximo, debemos actuar ya mismo con miras a la rápida entrada en vigencia del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCEN) y el rápido inicio de negociaciones sobre un Tratado de Control sobre Material Fisionable (FMCT es su sigla en inglés).

 

         Aquí debo hablar de la República Popular de Corea del Norte. Los ensayos nucleares y los lanzamientos de misiles por parte de Corea del Norte son una amenaza para la paz y la estabilidad, no sólo de la región sino de la comunidad internacional en su conjunto. No pueden ser perdonados bajo ninguna circunstancia. Es imperativo que la República Popular de Corea del Norte cumpla plenamente con las resoluciones del Consejo de Seguridad pertinentes y que la comunidad internacional aplique dichas resoluciones. Japón continuará sus esfuerzos para llevar a cabo la desnuclearización de la península coreana a través de las Conversaciones de los Seis. Japón quiere normalizar las relaciones con la República Popular de Corea del Norte de conformidad con la Declaración Pyongyang de Japón-Corea del Norte, mediante la resolución completa de los temas salientes de preocupación con Corea del Norte: las abducciones, el tema nuclear y los misiles, entre otros, y resolver sinceramente el “infortunado pasado”. En particular, respecto al tema de las abducciones, las acciones constructivas por parte de Corea del Norte, como iniciar rápidamente una investigación completa tal como se acordó el año pasado, serán un camino hacia el avance en la relación Japón-Corea del Norte. Si Corea del Norte emprende esas medidas constructivas y sinceras, Japón está dispuesto a responder en forma positiva.

 

         El cuarto desafío es el que plantean los temas relacionados con la paz, el desarrollo y la pobreza.

 

         Pese a haber entrado ya en el siglo XXI, el mundo no se ha librado de los problemas de la pobreza, las enfermedades infecciosas, la salud, la educación, el agua y la higiene, los alimentos y las drogas ilegales. La situación es particularmente seria en los países en desarrollo. Me veo obligado a señalar también la triste realidad de que los Estados frágiles o quebrados pueden convertirse en caldo de cultivo para el terrorismo. La crisis económica global que comenzó el año pasado ha estado exacerbando el problema. El nuevo Japón también debería transformarse en un “puente” en esta área.

 

         Japón trabajará en asociación con las organizaciones internacionales y las ONG y reforzará su ayuda a los países en desarrollo tanto a nivel de la calidad como de la cantidad. Japón tiene intención de continuar y fortalecer el proceso de la Conferencia Internacional de Tokio para el Desarrollo Africano (TICAD), y redoblar sus esfuerzos con miras al logro de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM) y la promoción de la seguridad humana.

 

         Para la estabilidad y la reconstrucción de Afganistán, Japón ha prestado su ayuda en una amplia gama de campos, como por ejemplo, fortalecer el sector de la seguridad, entre otras cosas mediante la asistencia a la policía y el desarrollo de una infraestructura social. Japón también amplió la ayuda agrícola y el apoyo al desarrollo de capacidades, por ejemplo mediante la capacitación vocacional a través de JICA, su organismo de implementación de la ayuda. Japón apoyará activamente los esfuerzos de Afganistán tendientes a su estabilidad y reconstrucción conjuntamente con la comunidad internacional. De más está decir que los principales actores para lograr la paz en Afganistán y llevar adelante la reconstrucción nacional son los propios afganos. A medida que se hagan avances, la reconciliación y la reintegración de los insurgentes serán temas esenciales. Japón hará aportes vitales en estas áreas, incluso por medio de asistencia para la posible reintegración, como por ejemplo, formación vocacional destinada a proveer un medio de sustento a personas que han vivido la experiencia de la reconciliación. La estabilidad de la región circundante también es importante y Japón está ofreciendo apoyo a Pakistán y otros países de la zona de manera constante.

 

         En el mundo en que vivimos actualmente, la seguridad nacional y la seguridad humana están cada vez más entrelazadas. El camino hacia adelante que salvará a la humanidad será el que genere una “seguridad compartida”, en la que distintos países, etnias, razas y religiones coexistan reconociendo las diferencias entre sí. En otras palabras, es generar una “seguridad compartida” mediante los principios del yu-ai o “fraternidad”.

 

 

El quinto desafío es construir una comunidad asiática oriental.

 

         En la actualidad, no hay forma de que Japón pueda desarrollarse sin involucrarse profundamente en la región de Asia y el Pacífico. Reducir los riesgos de la región en materia de seguridad y compartir unos con otros el dinamismo económico sobre la base del principio del “regionalismo abierto” redundará en tremendos beneficios no sólo para Japón sino para la región y la comunidad internacional.

 

         Dadas las circunstancias históricas que derivaron de sus acciones erradas en el pasado, Japón ha vacilado en desempeñar un papel activo en esta región. Tengo la esperanza de que el nuevo Japón podrá superar esta historia y convertirse en un “puente” entre los países de Asia.

 

         Ansío que se forme una comunidad asiática oriental como una extensión de la cooperación acumulada, construida paso a paso entre socios que tienen la capacidad de trabajar juntos, empezando por los campos en los que podemos cooperar – Acuerdos de Libre Comercio, finanzas, moneda, energía, medio ambiente, alivio a desastres y otros. Por supuesto, Roma no se hizo en un día, de modo que, avancemos en esto con constancia aunque sea a un ritmo moderado.

 

Sr. Presidente,

 

         Para concluir, me gustaría que los distinguidos representantes recuerden que Naciones Unidas es el foro donde se manifiesta la diplomacia de “construcción de puentes”.

 

         En la resolución de distintos temas relativos a la paz y la estabilidad internacional, el desarrollo y el medio ambiente, entre otros, a las Naciones Unidas le cabe un enorme papel. Tengo la intención de sacar un mayor provecho de las Naciones Unidas y trabajar para mejorar la eficacia y la eficiencia de las Naciones Unidas en su conjunto.

 

         Creo firmemente que Japón tiene la capacidad de desempeñar un papel aún más importante en las Naciones Unidas y sobre todo en el Consejo de Seguridad, como “puente” entre distintos países. Japón continuará participando activamente en las negociaciones intergubernamentales sobre la reforma del Consejo de Seguridad, en pos de la ampliación del número de miembros, tanto permanentes como no permanentes, y de que Japón sea miembro permanente del Consejo.

 

         Esto concluye mi mensaje desde el “nuevo Japón”.

 

         Gracias por su amable atención.